La guerra acaba en la historia, pero nunca ha acabado para mi. Marbly.

Esta frase representa muy bien el estado en el que se encuentra una persona que ha sufrido un trauma violento o el que experimenta un familiar al que le han arrebato dramáticamente a un ser querido. El suceso traumático y sus consecuencias van a inundar el presente minando el futuro, permaneciendo estancado en un pasado angustioso.

Es como si la vida se hubiese detenido, se revive constantemente el suceso traumático y cuando parece que la vida continua una noticia, un aniversario, reactiva las emociones de dolor, rabia e impotencia.

La muerte de un ser querido en circunstancias violentas, como en el caso de atentados terroristas, el asesinato y violación de una hija, producen un dolor indescriptible al imaginar el sufrimiento que ha experimentado el familiar. Este suceso catastrófico hace cambiar en un instante la realidad de la persona.

Enterrar a un ser querido ayuda a despedirnos y a elaborar el duelo, encontrar al culpable y la condena social alivia la rabia y la sed de justicia, pero desgraciadamente cuando no se dan estas circunstancias la persona se queda enganchada en un sufrimiento continuo. Sólo al revelarse las incógnitas se puede iniciar a elaborar el duelo.

En estos momentos se esta viviendo en España un periodo muy difícil para todas las víctimas del terrorismo, para las familias de hijos asesinados, para las mujeres que han sufrido violaciones.

La liberación de los criminales produce en los ciudadanos en general una repulsa social, y en las víctimas en particular una mezcla de rabia, impotencia, terror, reactivando las emociones que parecían superadas o permanecían dormidas.

No es de extrañar que tras un trauma de este calibre se tambaleen nuestros pilares, que seamos incapaces de afrontar las situaciones relacionadas con el evento traumático, que afloren sentimientos de inseguridad, que tengamos miedo y falta de autoestima.

El trauma consume los recursos de la persona, disminuyendo nuestro potencial para actuar y gestionar la vida, bloquea nuestros objetivos, en definitiva nos reduce porque vivimos en la memoria del trauma. En la literatura médica y psicológica se denomina estrés postraumático.

La psicoterapia será eficaz para hacer emerger la resiliencia de la persona, es decir, para activar los recursos que han quedado sumergidos por el trauma, permitiendo recuperar la capacidad de vivir el presente y proyectar un futuro, archivando los recuerdos traumáticos.

La resiliencia ha sido definida por numerosos autores, personalmente me gusta mucho la definición de E. Chávez y E. Yturralde: La resiliencia es la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones, que permiten avanzar en contra de la corriente y superarlas.

El término de resiliencia procede de la física y describe las características de ciertos materiales al deformarse elásticamente sin romperse al aplicarles una tensión. En psicología se refiere a la capacidad que tenemos de sobreponernos, de recuperarnos tras ser golpeados por un suceso de la vida, la capacidad de levantarnos de nuevo y seguir adelante, incluso fortalecernos y hacer cosas mejores en virtud de una experiencia dolorosa.

Desde mi punto de vista, afrontar el Trastorno de estrés postraumático significa desbloquear la resiliencia natural de la que todos los seres humanos hemos sido dotados y seguir con nuestra vida fortalecidos.

Las personas más resilientes tienen un mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, más autoestima, lo cual les permite tener una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.

Las emociones pueden convertirse en nuestro motor si las expresamos y las hacemos fluir de una manera adecuada; pueden convertirse en un obstáculo si las taponamos. Cuanto más trato de alejarme del dolor, de eliminarlo o controlarlo más se infiltra el pasado en el presente. Se debe trabajar sobre la memoria del trauma, una manera eficaz de canalizar las emociones es a través de técnicas que no impliquen controlarlas, como es el caso de la escritura terapéutica.

La Terapia Breve Estratégica posee las herramientas necesarias para elaborar el trauma y aliviar el dolor, para que la herida deje de sangrar y se convierta en cicatriz.

La hormiga puede devorar al elefante si juega bien sus cartas.

Proverbio chino.

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Belén Silván Oró

Belén Silván Oró. Licenciada en Psicología. Colegiada nª M-12091.
Especialista en Terapia Breve Estratégica. Especialista en Intervención en Ansiedad y Estrés. Especialista en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica. Experta en Hipnosis Ericksoniana. Experta en Neuropsicología Clínica y en Rehabilitación Neuropsicológica del Deterioro Cognitivo.