Nadie puede vivir sin placer.

Santo Tomás de Aquino.

 

El placer es una emoción básica en el ser humano y es que el sexo es un potente aliciente para los adolescentes y jóvenes pero por desgracia para algunos adultos se convierte en una conducta rutinaria o inexistente y en la vejez la sexualidad suele ser rechazada o negada.

Una vida sexual satisfactoria en la edad adulta significa en primer lugar mantener intacto el deseo por nuestra pareja y las fantasías sexuales juegan un papel importante en nuestra sexualidad, porque nos encienden el deseo, nos estimulan a interactuar íntimamente con nuestra pareja haciéndonos experimentar la excitación cuyo punto álgido es el orgasmo.

Las parejas que llevan tiempo unidas pueden vivir en un desierto de sensaciones, pueden experimentar una disminución  de la libido, una falta de deseo y como consecuencia una ausencia de relaciones sexuales. Suelen comentar: “es cómo si el fuego se estuviera apagando, ya no es como antes”.

El impacto físico y psicológico de la ausencia de deseo y de relaciones alimenta poco a poco dudas sobre el amor que nos procesa nuestra pareja y también sobre nuestra relación en sí, que comparada con tiempos anteriores se ha convertido en un terreno yermo.

Teniendo en cuenta que la práctica de sexo es la diferencia primordial entre una relación de pareja y una relación de hermandad, la atracción y la compenetración sexual es imprescindible para que una pareja marche viento en popa a toda vela.

Una pareja puede llevarse mal en otros aspectos pero si el sexo va bien la pareja triunfa. Si conseguimos mantener viva la llama del deseo tendremos más de la mitad de terreno ganado porque las relaciones sexuales son una parte muy importante en la vida en pareja.

La causa de la falta de deseo puede ser muy variada, en este artículo me centraré en la ausencia de intercambio afectivo en las relaciones de larga duración o sometidas a una distancia física donde no hay rivalidad sino que se ha impuesto un desierto de sensaciones. En otras ocasiones la disminución de la libido está asociada a un trauma sexual que elimina todo registro placentero; a un estado depresivo asociado a un duelo; al consumo de drogas; a sucesos estresantes mantenidos en el tiempo.

La obsesión por la procreación es otra razón que puede afectar al deseo. Las parejas que llevan tiempo intentando quedarse embarazas sin éxito planifican estrictamente los horarios de sus encuentros sexuales en función del ciclo de la mujer, eligiendo la hora y la postura más adecuada para facilitar el embarazo, sin hablar de las múltiples exploraciones físicas a las que se ve sometida la mujer que le arrebatan su intimidad.

Si se elimina el aspecto lúdico del sexo, la sensualidad, y lo más importante la espontaneidad acabamos con las fantasías sexuales y la excitación.

Porque no hay nada menos apetecible que aquello que nos imponen, aunque se trate de sexo. Existen miles de experimentos en psicología y ejemplos en la vida cotidiana que apuntan que cuando algo está prohibido la motivación cambia y se inicia un deseo por transgredirlo. De hecho no hay nada más placentero que lo prohibido y más si es a escondidas, produciendo una exaltación del placer.

Todos hemos experimentado el deseo de comer los alimentos prohibidos por el médico, el deseo de fumar ante una señal de prohibido, las ganas de pisar ese césped privado, y el placer que sentimos al realizarlo. La conducta sexual se rige por los mismos principios que cualquier otra conducta, recordemos lo excitante que resultaba encontrarnos con nuestro novio a espaldas de nuestros padres.

Abraham Maslow en 1943 propone en su teoría sobre la motivación humana la existencia de una jerarquía de necesidades básicas en el ser humano, se conoce como la pirámide de Maslow. Conforme se satisfacen las necesidades más básicas situadas en la parte inferior de la pirámide, se desarrollan necesidades y deseos más elevados representados en la parte superior de la pirámide.

Según Maslow el sexo se sitúa en la base de la pirámide junto con la alimentación, la respiración y el descanso por ser las necesidades fisiológicas del ser humano; una vez que están cubiertas podemos pasar a las necesidades de seguridad, de aceptación social, de autoestima y de autorealización.
 

¿De verdad piensan que el sexo sólo es una necesidad fisiológica o por el contrario integra otras necesidades más evolucionadas?

El sexo es una conducta natural e instintiva en el ser humano, estamos biológicamente dotados para procrear. La conducta sexual no sólo estimula nuestro cuerpo por la actividad física que conlleva, al activar la mayor parte de nuestros músculos, articulaciones, órganos internos como el corazón, sino que alegra nuestro alma.

Desde el punto de vista psicológico las relaciones sexuales nos pueden dar seguridad porque al vernos capaces de explorar nuestra sexualidad nos aportan una imagen positiva de nosotros mismos. A su vez si hay un intercambio sexual respetuoso con la otra persona se experimenta una conexión muy fuerte que favorece la confianza en los demás, la autoestima y la sensación de estar realizados.

¿Qué falta en las parejas que han perdido la pasión? ¿Cómo convertir un desierto de sensaciones en un oasis?
 
Cuando la pareja se sigue queriendo y desea estar junta pero hace tiempo que no tienen relaciones sexuales nos encontramos con que falta la miel en la relación, es decir, una ausencia de todos aquellos comportamientos que contienen emociones.

Si no hay un beso al salir de casa, ni un a caricia, ni un detalle no se puede pensar que haya intimidad entre la pareja.

En este sentido recordar el noviazgo y cómo actuábamos durante el inicio de la relación nos ayuda a despertar emociones y a descubrir que estamos más centrados en señalar lo que no nos gusta de nuestra pareja que en intentar hacerle sentir bien como antes hacíamos.

Será más fácil crear los pasos de seducción si fantaseamos sobre nuestra pareja realizando una pequeña acción cariñosa al día sin previo aviso. Debe ser un detalle significativo para nuestra pareja, como traerle el café a la cama, comprarle la revista que le gusta, fijarnos en su cambio de peinado y decirle que hoy esta guapa etc. Descubrir por parte de la pareja esos detalles forma parte del juego, creando un aspecto lúdico tan importante en toda relación.

El arte de cortejar y enamorar de nuevo a nuestra pareja implica usar las reglas de la seducción y mantenerlas para toda la vida. Por ejemplo programar una salida semanal a cenar que incluya reservar el restaurante, arreglarse, invitar a la cena. Hacer una escapada romántica, recorriendo a pequeños pasos el abrazo, la caricia, los besos hasta llegar a la intimidad.

Se puede dedicar un momento del día a redescubrir la sexualidad en pareja “como novios adolescentes”, es decir, como si se tratara de un terreno desconocido explorar las zonas erógenas de la pareja a través de caricias sin la presión de tener como objetivo final la penetración, poniendo el punto de atención en dar placer.

La conducta sexual es instintiva y espontánea, el intento de controlar las propias reacciones o de buscar placer prescindiendo del componente instintivo hace que nos coloquemos en una paradoja. Esforzarse en sentir placer con la pareja nos condena a no sentir nada. Nos bloquea, convirtiendo la relación sexual en algo carente de placer y el tema frecuente de conversación.

Siguiendo la misma lógica del problema usaremos una técnica terapéutica llamada “la estatua de hielo” mientras interactúo íntimamente con la pareja, que va a impedir nuestro intento consciente de búsqueda de placer para dar paso a la respuesta instintiva y natural. Consiste en imaginarse “congelado/a” mientras su pareja le estimula sexualmente descubriendo que la naturaleza vence a la razón.

A lo largo de este camino es posible que haya resistencias, reproches, explosiones de rabia hacia la pareja, quizás entonces no se trate sólo de un desierto de sensaciones sino de algo más profundo. El psicólogo es el especialista más adecuado para valorar el impacto del origen de su problema sexual y ayudarle a resolverlo.

 

Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.

Lao Tse.

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Belén Silván Oró

Belén Silván Oró. Licenciada en Psicología. Colegiada nª M-12091.
Especialista en Terapia Breve Estratégica. Especialista en Intervención en Ansiedad y Estrés. Especialista en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica. Experta en Hipnosis Ericksoniana. Experta en Neuropsicología Clínica y en Rehabilitación Neuropsicológica del Deterioro Cognitivo.

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